Por: Philippe Fabry

Las verdaderas razones del ascenso y la caída de Roma: el liberalismo y el socialismo…y las lecciones que se pueden aprender.

El Imperio se derrumba. El poder central se cae y se disuelve. El territorio imperial se desarticula bajo el efecto de la apropiación de las estructuras de poder por la clase dominante, el sistema corrupto de los últimos tiempos del orden imperial y el resurgimiento bajo un barniz resquebrajado de viejos particularismos locales y especificidades culturales y étnicas.

Hablamos acá de Roma? Si y no. Si porque es lo que le pasó al más grande imperio de la Antigüedad. No porque redactando estas líneas, es la caída de la URSS lo que tenemos en la mente. Roma se derrumbó de la misma manera que la URSS porque su derrumbe tenía las mismas causas. Olvídense de las invasiones bárbaras, olvídense de la idea de Gibbon sobre el cristianismo ablandando a los Romanos, olvídense de los discursos complicados. La causa central de la caída de Roma, fue el socialismo. Porque el Imperio, intrínsecamente, era un régimen socialista totalitarizante.

¿Cómo Roma, que había conquistado el mundo, pudo llegar a esto, y cómo, antes de esto, había extendido su hegemonía al Mundo?

Cómo Roma subyugó el mundo antiguo: el liberalismo romano.

La República romana, si no era del todo una democracia, era un régimen profundamente liberal. La sociedad romana era regulada por la “Rule of Law” desde este evento fundador que era la redacción de la ley de las Doce Tablas, por la cual el pueblo de Roma obtenía la puesta por escrito, es decir la publicidad, de las leyes, que se  volvían así ciertas, conocidas por todos, y ponía un punto final a la arbitrariedad de los reyes y de la clase dominante de los patricios. Ejemplo de libertad por la ley, de garantía de derechos individuales por fijación de procedimientos y reglas preestablecidas, la redacción de la ley de las Doce Tablas era un principio de Bill of Rights de la Roma antigua, motivado por el mismo ideal de isonomía que el que triunfaba en Grecia en la misma época.

Ciertamente, la ley de las Doce Tablas no regla todos los problemas, y no instauró realmente la isonomía: la “guerra de los órdenes”, verdadero combate por los derechos cívicos, perduró  mucho tiempo entre patricios y plebeyos, pero la aparición de una verdadera forma de seguridad jurídica de la jóven Roma, en particular, debe sin ninguna duda mucho a esta libertad garantizada: La ciudadanía romana daba el acceso al derecho de propiedad (jus census), a la libertad de emprender (jus commercii) y de hacer valer sus derechos frente a la justicia (ius legis actionis).

Esta ciudadanía era entonces extremadamente codiciada, y Roma utilizaba su prestigio para unificar a Italia, dándoles a los habitantes de las ciudades aliadas diferentes formas de ciudadanía parcial, y luego concediendo esta ciudadanía a todos los Italianos libres al finalizar la guerra Social, equivalente romano de la Guerra de Secesión americana durante la cuál Roma enfrentaba las ciudades que ella había federado y que habían, precisamente, hecho secesión y se habían unido contra ella en la confederación itálica.

Luego, durante las conquistas, Roma ganó las elites de los territorios conquistados precisamente dándoles la ciudadanía romana, y motivó a los hombres a servir la República con la perspectiva de poder adquirirla algún día.

El liberalismo romano no sólo explica la prosperidad económica de Roma bajo la República, explica también la increíble resistencia del pueblo romano frente a las amenazas exteriores. Durante la segunda guerra Púnica, Roma perdió decenas de miles de hombres en los campos de batalla, una cifra fenomenal para  la época. Y aun asi siempre pudo rehacer sus fuerzas y sus dirigentes nunca se dieron por vencidos. Esta extraordinaria fuerza moral viene precisamente de la libertad que beneficiaba a los Romanos, de la superioridad de su modo de vida, y de la atracción de su modelo que era tal que las ciudades italianas permanecieron fieles dentro de la confusión de la gran ciudad, cuando hubiera sido mucho más fácil elegir el partido de Hannibal. Un imperio resiste y levanta fuerzas por el terror, y si está por derrumbarse, los pueblos que le están sometidos se levantan y se suman a la matanza. Pero Roma, en los tiempos de la República heroica, generaba la adhesión, incluso en tiempos de crisis. Es por esta razón que Cartago siempre perdió contra ella Las Guerras Púnicas,  tanto como la Guerra Fría, no fueron una simple guerra entre dos naciones, sino un conflicto de civilizaciones, y la victoria del modelo de sociedad romano.

Este modelo tenía a tal punto la libertad en el corazón de su dispositivo que cuando los Romanos, bajo el Imperio, querían evocar el régimen que nosotros llamamos República, los llamaban libertas.

Y la pregunta que interesa acá tanto el liberal como el historiador es ¿cómo la más grande potencia liberal del mundo antiguo terminó por derrumbarse como el imperio soviético?

De las guerras civiles al Imperio: la mutación socialista de la sociedad romana.

Durante el Ier siglo antes de nuestra era, Roma se volvía maestra del mundo conocido, e Italia había conocido un flujo considerable de esclavos en el mercado. Esta llegada masiva provocó una caída de los precios, que fue aprovechado principalmente por los grandes propietarios quienes, teniendo los recursos para invertir, compraron gran cantidad  de esclavos  para hacerlos trabajar en sus tierras. Esta mano de obra de bajo costo permitió a los grandes propietarios vender a precios fuera de competencia, lo que arruinó a  los pequeños propietarios y artesanos dejándolos desempleados. Esta crisis económica trajo una crisis social, e hizo aparecer en Roma una corriente populista, “los populares”, llevando reivindicaciones socializantes: anulación de las deudas, distribución de pan …  esta corriente se oponía directamente, aunque la política romana no pueda ser reducida a este escisión, a este de los optimates, “partido” (el término no tiene que ser interpretado en su sentido moderno e institucional, pero en el sentido corriente de comunidad de ideas e intereses) ciertamente de los aristócratas adinerados y de sus clientes, pero más ampliamente de los conservadores romanos, partidarios de la defensa del mos majorum, la “costumbre de los ancianos”, es decir las costumbres y valores romanos tradicionales, la constitución política romana y sus principios fundamentales: la separación de los poderes, el control de las magistraturas, las elecciones regulares … no era solamente cuestión de defender a los intereses de los ricos: individuos como Catón d’Utique tenía como primer preocupación la defensa de la República y de la Libertas.

Es esta escisión la  que constituye la base ideológica de lo que terminó siendo una guerra civil y desestabilizó los cimientos mismos de la República romana: dos visiones se oponían, una visión en la cual el interés del pueblo tenía que prevalecer, y una otra en la cual tenía que prevalecer los derechos individuales tradicionales. Lo que mató a la República romana, fue  el fin del consenso alrededor del mos maiorum provocado por los trastornos socioeconómicos; El Imperio nació de la necesidad de encontrar un nuevo consenso social en la nación romana. Jacques Bainville, en su excelente Los Dictadores (1935), había perfectamente analizado los fenómenos Marius y Caesar cuando los designaban como dictadores fascistas antes de hora, exaltando a la vez a Roma, al ejército y exaltando la redistribución de las riquezas.

El principat fue instaurado por Augusto como un compromiso entre el salvaguardar del mos maiorum, ilustrado por la permanencia del Senado, supuesto escudo contra la tiranía y por ende de defensa de las libertades, y la satisfacción dlel pueblo  que exigía del Estado romano que llene sus necesidades.

Esta evolución permitió el establecimiento de una paz social pero comprometía Roma e Italia en una pendiente peligrosa: lo que había hecho el éxito del modelo romano, un régimen constitucional menos democrático que aquellos tiempos en Atenas , por ejemplo, pero donde la protección de las libertades individuales estaba garantizado por una Constitución venerada, ya no existía.

Si uno se limita en leer lo que fue escrito bajo el Imperio, uno puede tener la impresión que eso fue el apogeo de la grandeza romana. Pero es un proceso tan engañoso como elegir, en mil años, para tomar conocimiento de la historia de Corea del Norte en el siglo XX solo analizar los documentos oficiales de la propaganda.

Los grandes autores de los tiempos tales como Cicerón, Lucrecio, Séneca conocieron una muerte violenta por causa de un desacuerdo con el poder, o tales como Virgilio, Horacio, eran prácticamente artistas oficiales. El porto-liberalismo romano dio lugar con el principat a un régimen dictatorial socializante, y a partir de ahí la tendencia al estatismo se reforzó hasta culminar bajo el dominio de  Diocletiano, régimen fuertemente dirigista y prácticamente soviético, creando corporaciones cerradas, multiplicando los empleos de padre a hijo y atando los cultivadores a su tierra, el conjunto estando ordenado principalmente para la satisfacción de las necesidades del ejército; las persecuciones religiosas que cayeron sobre los judíos y cristianos bajo el Alto y Bajo Imperio son muy reveladores: eran no sólo debido a la negativa de los seguidores de estas religiones de adorar a los dioses protectores del Imperio, pero realmente un debilitamiento de la tolerancia religiosa que había sido, sin embargo, durante mucho tiempo un carácter romano. No podemos considerar que estas persecuciones no tuvieron nada que ver con el carácter autoritario del poder romano, entre otras cosas porque la violencia de persecución aumentó en proporción al fortalecimiento del poder imperial: lo más este se pretendía indiviso e indiferente a las tradiciones liberales romanas, más era represivo. Además en el siglo III el emperador Aureliano instauró el culto oficial del Sol Invictus, preludio a las peores persecuciones en contra de los cristianos, que era el resultado de la evolución totalitarista del Imperio: una ideología única exaltada por un arte oficial cada vez mas repetitivo.

Sumamos a esto la inevitable corrupción inherente a todo Estado totalitario o cuasi totalitario, que arruina al  pueblo y prohíbe la emergencia de una clase media y ahoga todo lo que lo parecía previamente.

Finalmente, el derrumbe romano se hizo sobre el modelo de la URSS: un sistema achatador ahogando el espíritu de emprender, reduciendo a la nada la libertad económica, sacando la movilidad social y desmoralizando a   los individuos frente a los invasores: quién quiere pelear para una tiranía? Los Romanos de los últimos tiempo del Imperio estaban efectivamente desmoralizados, pero no por culpa de la decadencia de la moral lo; estaban porque el régimen imperial no era del tipo que uno defiende con su vida propia, como lo era la libertas.

Una lucha necesaria en contra de la amenaza militar exterior que  absorbía todos los recursos, un imperio que reencontraba grupos étnicos con culturas muy diferentes bajo el barniz común. La desintegración se hizo en beneficio de la nomenklatura del Imperio Romano que se apropió de  los poderes públicos y empezaron el final de la evolución milenaria de Sol Invictus de la República romana  liberal hacia la noche del feudalismo europeo.

Preocupaciones sobre el futuro de los Estados Unidos de América.

El lector habrá notado, desde el principio de este artículo, las múltiples analogías entre la historia de la más grande potencia liberal antigua y la más grande potencia liberal moderna. Podríamos haber sumado más: La república nacida del rechazo de una monarquía extranjera, la austeridad original de las costumbres y la moral, un cierto tipo de culto de los padres fundadores , un imperialismo sobre todo defensivo, la hegemonía de repente desplegada en el mundo conocido…los Estados Unidos de América podrían estar, al igual que su ilustre predecesor , hundiéndose en el socialismo? Existen señales de advertencia que despiertan en los liberales graves preocupaciones.

Desde la elección de Barack Obama y su voluntad de hacer pasar reformas sociales llevando una visión muy estadista de la sociedad, apareció el movimiento de oposición de los Tea Party, movimiento conservador erigiéndose en defensor de la Constitución y pidiendo el respeto de las libertades individuales y de la Declaración de Derechos; en este marco, Obama es acusado de ser un “socialista”, un termino muy insultante en EE-UU. Por otro lado, la crisis económica también pone de manifiesto el movimiento anticapitalista: Occupy Wall Street , o el We are the 99 %. La crisis de 2008 por lo tanto parece haber provocado en América la  escisión entre los partidarios del mos maiorum americano y los populares.

Los EE.UU. no están, probablemente, al borde de la guerra civil. Sin embargo, la fractura apareció y probablemente no será reducida. Por primera vez en la historia de EE.UU., en 2009, la mayoría de los hogares americanos recibieron más dinero del Estado que  el que pagó en impuestos, escribía el 14 de julio 2012 el economista Greg Mankiw en su blog.

En los años y décadas por venir, es probable que crezca la brecha a medida que crezcan las dificultades económicas hasta que los principios liberales de la Constitución de los Estados Unidos ya no tendrán consenso en la población de Estados Unidos. En particular, el desarrollo prometedor de la robótica, que probablemente destruirá muchos puestos de trabajo obrero, hará que puedan  volver a aparecer los demonios de destrucción anti-creativas, lo que sería un paralelo bastante llamativa con el desarrollo masivo de la esclavitud en  Roma, máquinas de trabajo  tanto gratuitas como modernas. Este sería un momento de grandes dificultades que requerirían el establecimiento de un nuevo paradigma .

El escenario de pesadilla de una repetición de la Historia

Se vería aparecer una nueva forma de gobierno en EE.UU., que gobernaría globalmente el Imperio americano de manera cada vez más integrada y autoritaria. El ascenso del socialismo en la economía y el retiro liberalismo haría a  esta cada vez menos dinámica, y la intervención del estado , probablemente de tipo keynesiano, no haría sino empeorar la situación. Poco a poco, el gobierno imperial estadounidense con el tiempo se asemejaría al imperio soviético estalinista o Corea del Norte .

El agotamiento total alcanzado, trabajado por fuerzas centrífugas relacionadas con la persistencia de las identidades locales: de Europa, Asia, América del Sur, el Imperio se dividió y volveremos a la noche del feudalismo en el que el sol de América, temporalmente,nos abandona.

¿Podemos todavía evitarlo?

Nuestros antepasados “liberales” romanos no tenían ni idea de lo que les esperaba. Nosotros sin embargo, si. Esa puede ser nuestra esperanza de escapar a su destino, mediante una mejor preparación de la defensa de la libertad , localmente , a nuestros alrededores y en las mentes de nuestros contemporáneos.

Artículo original en francés acá: http://www.contrepoints.org/2012/08/03/92581-rome-du-liberalisme-au-socialisme